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El doctor Julio César Carozzo, presidente del Observatorio sobre la Violencia y Convivencia en la Escuela, aconseja a los padres estar atentos a la manera en que su niño se comporta tanto en la escuela como en otros entornos, en reuniones familiares o con otros chicos.
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...continúa leyendo "¿Y si nuestro hijo es el agresor? – Julio César Carozzo. Diario El Comercio"

Para poder abordar el bullying de forma eficiente hace falta tener claro el tipo de problema que realmente es. Aún en estos momentos se le trata como un problema de disciplina y para su control se imponen normas más rigurosas contra los agresores sin que se hallan alcanzado resultados deseados.

Desde nuestra perspectiva hay dos aspectos ineludibles en el abordamiento del bullying:

a) El compromiso de las más altas autoridades del sistema educativo, sin cuya gestión todo programa de intervención y de prevención pierde consistencia. Es preciso que las autoridades educativas, los docentes, los padres de familia y la comunidad tomen conciencia de la naturaleza del problema y reconozcan los enormes riesgos que el bullying tiene en la población infantil y adolescente y asuman un rol de participación activa para hacerle frente. Los medios de información masiva deben hacer lo suyo sensibilizando de modo permanente a la comunidad sobre lo negativo de la violencia en las relaciones interpersonales y desalentando estilos de violencia que patrocinan en sus diarias programaciones.

b) En la parte de la intervención, dos enfoques nutren el trabajo práctico contra el bullying. Uno de ellos estima que la educación para la convivencia y la tolerancia emergen como los recursos prioritarios para la eliminación de la violencia en la escuela. El otro enfoque considera que es indispensable el abordamiento de la violencia propiamente dicha antes que nada, para luego ir incorporando variadas estrategias que abonen la calidad de las relaciones interpersonales.

Cuando afirmamos que el abordamiento y la erradicación del bullying debe contar con la intervención de las autoridades del sector educación, lo hacemos porque el sistema educativo de algún modo, por su clima organizativo y estructural, fermenta activamente modalidades de violencia entre estudiantes y entre los docentes sin que posea la capacidad para controlarlas. Una de esas modalidades de violencia que ocurren en la escuela y que cuenta con la tolerancia y pasividad de las autoridades y docentes es el bullying.

Otra razón más: los docentes que serán los verdaderos artífices de la eliminación de la violencia en las escuelas y los artesanos de la construcción de nuevas actitudes y valores para el respeto mutuo, la comunicación, la equidad, el trabajo solidario y la resolución de conflictos entre los estudiantes, para lo que aún hoy tienen grandes insuficiencias, necesitan una capacitación que requiere de la mediación y el compromiso del Ministerio de Educación.

En cuanto al abordamiento del bullying en la escuela, coincidimos en que la prevención y la atención de los problemas de violencia en la escuela son los recursos estratégicos de primer orden a considerar, sin que sintamos la necesidad de privilegiar uno de ellos. De hecho, aún a sabiendas de la existencia del problema del acoso entre iguales como un hecho que causa estragos en la población escolar, la estrategia de entrada es la de prevención porque involucra a la totalidad del escenario educativo, ciertamente, pero también lo es porque los agentes educativos requieren del conocimiento y dominio de repertorios de conductas pro sociales que favorescan una relación interpersonal satisfactoria. Por lo demás, la administración de la estrategia de prevención remolca naturalmente la intervención de los casos de violencia.

Empero hay algo que no es posible descuidar. El acoso entre iguales es un serio problema para los niños y los adolescentes que no puede ni debe esperar una intervención estructural desde el Ministerio de Educación, el que debe transitar un proceso de cambio relativamente lento y engorroso. Por tal razón el Observatorio propone acciones inmediatas a través de los centros educativos que convengan acuerdos de prevención y/o intervención con nuestra institución.

Para ello el Observatorio recomienda las siguientes medidas:

a) Un proceso de capacitación a los docentes, promotores, psicólogos y padres de familia de la comunidad educativa, de modo que se identifique el problema del bullying, se conozcan sus efectos psicológicos y educativos y se dominen estrategias para su control.

b) Proponer a la comunidad educativa en general asumir una acción contra el bullying, comprometiéndose a poner en práctica tareas de prevención que mejoren sensiblemente el clima institucional para favorecer la convivencia escolar.

c) Institucionalizar la mediación escolar en los centros educativos y educar a los estudiantes y a los docentes en la resolución de conflictos sin recurrir a la violencia.

d) Constituir en los centros educativos políticas de convivencia que ayuden a mejorar las relaciones interpersonales entre los estudiantes, entre los docentes y entre los estudiantes y los profesores.

e) Elaborar materiales educativos que fortalezcan el trabajo de convivencia, equidad, valores, tolerancia, resiliencia y habilidades sociales.

Una vez más las tentaciones reduccionistas hacen su aparición, convencidas de que le hacen un gran favor a los estudiosos y a la ciencia. Esta vez el turno ha sido para el acoso escolar o bullying que, como ya se le ha definido, consiste en una conjunto de prácticas intencionales de abuso y maltrato (físico y psicológico) en perjuicio de estudiantes cuyas características personales los hacen vulnerables, que se suceden en forma sistemática en el curso del año escolar por parte de un(a) estudiante agresor(a) que cuenta con la sociedad de un par de cómplices y la total indiferencia del resto de compañeros.

Tenemos la seguridad de que no puede ser “normal” que un niño/niña o un(a) joven despliegue una variada gama de comportamientos agresivos de modo injustificado y sin más propósito que “divertirse” o de hacer prevalecer su superioridad mediante agravios que causan sufrimiento y dolor a las víctimas. Pero tampoco nos parece “normal” que las víctimas sean tan pasivas y desesperadamente inofensivas ante las provocaciones y maltratos de los matones. Es más, nos parece que es más anormal tolerar el abuso y mantener una indefensión total ante las situaciones de acoso. Al menos el sello de nuestra cultura nos hace percibir como natural y, por qué no, como signo de prestigio social el ser “valiente” y “dominante” en las relaciones interpersonales.

El cinismo o la ingenuidad de las personas que alegan contra la impericia de los estudiantes para defenderse llega al grado de calificar que los actos de acoso son necesarios e inevitables para una mejor socialización de los niños, sobre todo de los varones. Es decir, se hace necesario el abuso y el maltrato para un mejor desarrollo social en los niños(as) y jóvenes. Francamente insólito¡

Como quiera que no se considera normal que las personas sean desmedidamente crueles o sumisas, la mejor explicación para la presencia de estos estilos de comportamiento entre los niños, niñas y jóvenes en la escuela es que se trata de individuos con problemas psicológicos y/o psicopatológicos que requieren tratamiento especializado. Los trastornos psicológicos que caracteriza a los estudiantes involucrados en el acoso escolar como agresores o víctimas se derivan mayormente del perfil individual de riesgo que poseen y del clima de violencia existente en el hogar de origen, eso sí, siempre del hogar, nunca del sistema social y de su pobredumbre.

En estas condiciones hacen su aparición los infaltables y perversos personajes que se declaran así mismos expertos en “salud mental” y que se harán cargo de desplegar la coartada encubridora, y blandiendo las más rancias teorías sociopsicológicas culminan sus artificios clínicos etiquetando con algún diagnóstico psicopatológico a los agresores y a las víctimas del acoso escolar o bullying. El bullying existe, entonces, porque existen niños(as) y jóvenes con problemas psicopatológicos o psicológicos, quienes necesitan una intervención y atención especializada. La intervención profesional se limita a ser intrapersonal. La propuesta de estas personas es engañosa e irresponsablemente inhumana. Es engañosa porque crea la ficción de que atendiendo profesionalmente a los sujetos comprometidos en el bullying (agresores y víctimas), se está dando inicio a la solución del problema, lo que no corresponde a la verdad; y es inhumana porque propicia la exclusión de los niños y jóvenes involucrados en el acoso: separando del centro educativo a los agresores y, de seguro también a las víctimas, se acabaría con el problema de la violencia en la escuela y se le devolvería el clima de convivencia deseado, lo que tampoco es cierto.

El bullying no existe en la escuela porque allí habiten niños y jóvenes agresores que atacan a otros que son más vulnerables, o porque dichos estudiantes viven en situaciones de riesgo social en donde asimilan y replican patrones de conducta agresiva que trasladan a la escuela. Menos aún porque existan niños, niñas y jóvenes que poseen el “perfil” propicio para ser agredidos. Eso es lo que se percibe a simple vista y representa la forma más sencilla para explicar el problema del acoso en la escuela, pero no es el fondo del problema.

Lo que existe en la sociedad, y se reproduce en la escuela, es la existencia de relaciones interpersonales basadas en la inequidad y la asimetría de poder. Relaciones interpersonales autoritarias y verticales que gatillan formas de resolución de conflictos basados en la violencia. Estilos de relación que privilegian el dominio abusivo a cualquier precio y la búsqueda de pleitesía y sumisión de los iguales. La convicción de que esos estilos son necesarios para la conquista del éxito social. En suma, lo que existe en la escuela es un modelo de relaciones interpersonales no solo desigual sino, esencialmente, atentatorio a los derechos fundamentales de las personas, ya que el acoso en la escuela no es un problema de indisciplina sino de derechos humanos.

¡¡La solidaridad y la equidad relacional???? ¡Esa cojudez¡, como diría un triste personaje que oficia de líder de opinión.

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