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Sitistas y autófagas

A diferencia de las especies autófagas, que desde que nacen se pueden valer por sí mismas, el ser humano es una especie sitista que requiere de un lapso de cuidados más extenso que cualquier otro. La gran diferencia cualitativa de los humanos con otras especies sitistas es que nuestro entorno es histórico social, lo que, gracias al proceso de socialización al que quedan expuestos, los seres humanos nos proveemos de aprendizajes de toda la experiencia de la humanidad. Es la división social lo que condiciona que numerosas poblaciones de seres humanos se vean privadas e impedidas de un aprendizaje social adecuado y, por ende, su desarrollo social se vea abrumadoramente limitado. Los cambios en los individuos son una ilusión si se mantiene inalterable la inequidad del sistema. 

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