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Calidad de vida versus calidad educativa

¿Qué tiempos son estos en los que tenemos que defender lo obvio? decía el entrañable maestro de la vida Bertolt Brecht.  En el Perú, como en buena parte de nuestra "democrática"región, cada vez es más urgente luchar para  que nuestros niños reciban alimentos, medicinas y educación; que todos ellos gocen de la protección y seguridad a que el sistema social  está comprometido moral y legalmente a proporcionarles, y que los adultos de toda la sociedad terminemos por convencernos de una buena vez que los niños y jóvenes escolares no son el futuro de la sociedad, como eufemística y estúpidamente nos gusta decir, sino que son el presente que reclama calidad de vida como su fundamental derecho. ¿De que sirve la vida si ella es un tumulto de atropellos y vejaciones repetidas en forma vergonzosa por quienes se dicen nuestros democráticos gobernantes y sus vasallos? El sistema social, como Medea, devora inmisericorde  nuestros hijos ante una insólita pasividad de todos.
El reciente Foro Mundial de Educación celebrado en Corea del Sur entre los días 19 y 22 de Mayo, al que no podía dejar de asistir nuestro ministro de educación y su séquito de asesores, nos dice que el propósito de la educación es transformar la vida de las personas, garantizando una educación inclusiva, equitativa, de calidad y promoviendo oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida. No existe un solo acuerdo en donde la integridad física y psicológica de los estudiantes esté asegurada, como tampoco encontramos se recomiende la imperiosa necesidad de forjar una convivencia democrática mediante la cual se  haga posible una educación equitativa, de calidad y para la vida. Toda la estridencia que despliegan para alcanzar una calidad educativa directivamente, sin la participación de los principales actores, es palabrería hueca, bombardas demagógicas que la vienen repitiendo desde principios de los 90 en sendas reuniones de felones gobernantes. 
Tenemos que reclamar y defender  la calidad de vida de los estudiantes en las escuelas, máxime cuando el que atenta contra ella es el Estado con su sistema educativo decrépito y maniqueo. Nos parece que la lucha por la vida y la salud social de los estudiantes en las escuelas no requiere autorización legal o administrativa y debe organizarse en cada institución educativa por los docentes y profesionales comprometidos por una convivencia democrática. Total, nadie está impedido de hacer lo que la ley no prohíbe.

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