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Otra conducta que inexplicablemente no es apreciada en su exacta dimensión es la que llamaríamos provocación, en la que un individuo o grupo de individuos, en forma reiterada, incomoda o perturba a otro sin que medie motivo alguno. Estas manifestaciones se pueden efectuar "n" veces sin que nadie se de por enterado y, menos aún, la califique de violencia. Pero cuando la persona que es víctima de esta hostilidad reacciona agresiva y violentamente contra el provocador, el entorno hace causa común con este sujeto y moteja al otro como violento.
Con el conocimiento del bullying, ahora sabemos que el fenómeno descrito se inscribe dentro de la tipología del bullying verbal, es decir, es una forma de violencia inaceptable; sin embargo , muchos docentes y padres de familia, basados aún en su vieja percepción, consideran que los actos de provocación son apenas discretas travesuras de los chicos y chicas que no tiene porque  alarmar a nadie. 

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La violencia por omisión recae sobre todos aquellos individuos que dejan de hacer, o renunciar a hacer, los el imperio de las circunstancias les obliga hacer. Es decir que mantenerse indiferente y ajeno a sucesos de violencia en los que deben de intervenir en razón a sus responsabilidades, es una omisión clamorosa que podría llegar a ser punible.

La situación social, económica y política de México ha tenido un preocupante y cada vez más riesgoso desgaste pronunciado en los últimos diez años, la cual proviene de los enfoques y modelos que se han aplicado desde hace muchos años y se ha acentuado con motivo de la alternancia política, y, aún más, por la crisis financiera mundial de 2009-2010. Considerando la tendencia estadística de crecimiento del “empleo” y la correspondiente curva estadística de evolución de los sectores poblacionales por grupos de edad, se advierte claramente y sin lugar a dudas que en pocos años esto llegará a un colapso, una crisis de “empleo”, por el aumento desproporcionado de la población en edad de trabajar en contraste con el crecimiento de las opciones laborales, aún cuando bajo el enfoque actual este indicador lograra recuperarse positivamente.
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...continúa leyendo "Psicoterapia Social y Terapia para la Paz – Marco Eduardo Murueta y Javier Gallástegui"

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¿Podemos decir que los directivos, docentes, auxiliares, padres de familia y estudiantes, que saben de la existencia del bullying en la escuela, y no son capaces de tomar medidas de protección y seguridad en favor de las víctimas y medidas correctivas con los agresores, también están incurriendo en violencia contra los niños, niñas y adolescentes victimizados/as? Claro que lo son, pero nuestra cultura, forjada en la hipocresía y la insolidaridad, al mejor estilo de Poncio Pilatos, nos convence de lo contrario, calma nuestra conciencia y perpetúa la indiferencia, a nombre de la cual se han cometido todo tipo de atropellos contra la humanidad.

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Nos preguntan, ¿como poder eliminar el incremento del bullying homofóbico? Primero que nada, no creemos que esa modalidad de bullying esté incrementándose. Lo que ocurre es que con la mayor sensibilidad y conciencia que se viene alcanzando sobre el respeto que se debe guardar a la libertad en las orientaciones de género que tienen las personas, el aplastante prejuicio homofóbico de antes  ha disminuido y las víctimas sienten mayor seguridad para denunciar los casos que se producen en la escuela, lo que da lugar a la falsa impresión de que las reacciones homofóbicas han aumentado notablemente. Estamos consiguiendo que se visibilice una solapada agresión contra los estudiantes en razón a su orientación sexual.
La otra preocupación  que nos formulan radica en la necesidad de que se establezcan  normas legales que expresamente protejan a los estudiantes víctimas del bullying homofóbico. Si así se procediera, el mismo derecho les asistiría a quienes son víctimas del bullying étnico (afroperuanos, selváticos, andinos, mestizos, etc.),  el bullying de género (contra las mujeres), el bullying religioso o de cualquier otra naturaleza; de modo que se debería considerar un extenso listado de artículos que puntualicen las características personales y culturales que sirven de soporte para el acoso entre iguales. Es suficiente que la norma exprese, con claridad y firmeza, el reconocimiento y respeto que se debe observar a la diversidad existente en la escuela. La dimensión Diversidad, subsume todas las diferencias existentes entre los individuos.