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La convivencia hace referencia a contenidos de muy distinta naturaleza: morales, éticos, ideológicos, sociales, políticos, culturales y educativos, fundamentalmente. Contenidos que se pueden agrupar en tres grandes categorías:
1. Contenidos de naturaleza humana: el derecho a la vida y la pasión de vivir, la dignidad, la felicidad, la esperanza.
2. Contenidos de relación: la ternura, el respeto, la no violencia, la aceptación de la diversidad y el rechazo de cualquier forma de discriminación, la solidaridad, la igualdad.
3. Contenidos de ciudadanía: la justicia social y el desarrollo, el laicismo, el Estado de derecho y los derechos humanos.
(Formación Cívica y Ética en Educación Básica III. Educar para la convivencia democrática, Elaboración: Silvia Conde Flores, Víctor Dueñas Moreno, María Tinoco Ramírez y Miriam Cervantes López,  Ediciones Cal y Arena, México, 2010)

La justicia reconstituyente o restaurativa se fundamenta en tres principios fundamentales: (a) Responsabilidad, mediante el cual el agresor y los padres del agresor deben reconocer las acciones de violencia realizadas; (b) Reparación,  a través del cual  se formulan medidas reparadoras en favor de la víctima y (c) Resolución,  que define la solución del conflicto o de la controversia quedando las familias en condiciones de establecer relaciones sin riesgo de violencia.
La pregunta es: ¿cualquier tipo de conflicto, incluso el de violencia entre las partes, puede ser materia de una justicia restaurativa? ¿Acaso  se le podría pedir a la víctima que acepte una negociación con su victimario?, o mejor aún, ¿se puede y debe negociar las acciones de violencia entre las partes? Lo que se sabe es que la justicia restaurativa tiene una larga historia de casos diversos como robo, acoso o vandalismo con resultados distintos. 

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Es el título de una breve nota proveniente de guiainfantil.com que aparece en el libro Acoso Escolar, terror de las aulas, de Eduardo Roldan y colaboradores, Ediciones de la U, Bogotá, Colombia, (2013), atribuyendole a la familia la responsabilidad de esta tarea.
Pareciera que lo "malo" ya viene  en los niños y la familia debe maximizar su diligencia para acabar con esos fallos genéticos, lo que en realidad aún muchos individuos siguen aceptándolo como una verdad indiscutible, con el cuidadoso silencio de psicólogos, educadores y otros interesados en que  esa creencia sobre el comportamiento humano se mantenga inalterable.
Sus autores, siguiendo su lógica, es quien debe identificar lo que es reprobable y lo que es aceptable en casa y en las relaciones sociales. "Según los expertos en acoso escolar, la ausencia de reglas, la falta de supervisión y de control razonables de la conducta de sus hijos fuera del colegio,  de lo que hacen y con quien van, una disciplina demasiado dura, la falta de comunicación y la ocurrencia de tensiones y peleas en la familia, pueden llevar a que los hijos adquieran conductas agresivas"
El discurso es siempre el mismo: que es lo que no se debe hacer, que es lo que hay que erradicar, que es lo que está mal. Nunca que es lo aconsejable y conveniente para  construir un espacio relacional de convivencia saludable en el hogar, en donde la comunicación tenga un sello horizontal, divergente y respetuoso para todos.
En resumen, se pide que se corte de raíz todos los precarios aprendizajes que los niños han aprendido de su entorno; se enmiende al niño pero no al adulto que es el modelo directo e indirecto; se elimine el individualismo y la competencia virulenta con que se alimenta en los medios de comunicación y en las redes sociales a las que acceden muy precozmente sin control y orientación alguna.

El bullying es un fenómeno que ha despertado interés educativo y social y una definición precisa para identificar sus componentes. El uso de autoinformes y heteroinformes es la forma preferente de evaluación, pero existen otras. La ubicación de las relaciones de maltrato en los espacios virtuales hace necesario explorar esos escenarios para medir sus peculiaridades, el impacto emocional que ocasionan y los valores que acaban poniendo en juego. La evaluación necesita ponderar el peso de los componentes que interactúan en las dinámicas individuales y grupales, que hacen surgir, mantener y/o cambiar o eliminar las conductas de acoso. Venimos reclamando un giro en ese sentido para mejorar la intervención. La funcionalidad de la evaluación del bullying radica en la identificación de las raíces que lo fundamentan y lo motivan, no solo en la explicación externa o contextual de la frecuencia e el modo como ocurre. Así no erraremos el objeto educativo de la intervención.
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...continúa leyendo "Herramientas para la evaluación del bullying – Jose María Avilés"

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Hay una información que pasa inadvertida cuando se detallan las características del bullying: EL NUMERO DE AGRESORES  SUPERAN AL DE LAS VÍCTIMAS. En los episodios de bullying la víctima siempre, o casi siempre, esta sola y aislada, lo que es uno de los puntales de su vulnerabilidad; en cambio el agresor nunca  está solo porque se encuentra acompañado por dos o tres elementos que  alientan sus conductas de abuso.
Resulta que al producirse el bullying, la superioridad de los agresores sobre la víctima (4 contra uno) se acrecienta cuando al menos un tercio de los espectadores se asocian a práctica abusiva, lo que termina en un virtual linchamiento. El resto de los espectadores suelen no intervenir y son los socios pasivos del agresor.
No debe ser difícil que los adultos comprendan el drama de las víctimas del bullying, sin embargo, es muy poco lo que hacen para proteger a las víctimas y mucho lo que hacen para la perpetuación de esta corrosiva forma de violencia entre iguales.

Los 10 Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes, previstos en la Convención sobre los Derechos del niño son:
1. Derecho a la igualdad sin importar su nacionalidad, sexo, religión o raza.
2. Derecho a recibir protección contra el abandono y contra la explotación en el trabajo.
3. Derecho a tener un nombre y una nacionalidad.
4. Derecho a atención especial para su desarrollo físico, mental y social.
5. Derecho a la alimentación, vivienda y atención médica adecuada.
6. Derecho a recibir educación gratuita y disfrutar de los juegos.
7. Derecho a que los niños, niñas y adolescentes con discapacidad reciban cuidados especiales.
8. Derecho a la comprensión y amor por parte de la madre, el padre y la sociedad.
9. Derecho a ser priorizados en la atención en caso de desastre y emergencia.
10. Derecho a crecer en un medio ambiente sano.
No se ría, no es una broma. SON LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTE que son ignorados por nuestra sociedad y sus autoridades, que se esmeran en incumplirlos y pisotearlos. 

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El hogar y la escuela son los lugares en donde los niños y niñas se encuentran en situaciones de mayor riesgo para sufrir violencia, aunque cueste entenderlo o creerlo. Con sorpresa  encontrará que ellos  han sido víctimas de varias forma de violencia en las calles o el transporte, por los adultos principalmente, sin que la cantidad de tales episodios sean comparables a los maltratos recibidos en el hogar y la escuela.
En el hogar los niños y niñas llegan a ser explotados laboralmente (en las minas, en el campo, en la mendicidad y el trabajo doméstico), además de la privación de sus derechos  a estudiar y recibir un trato afectuoso; sin pocos los casos en que son entregadas a la prostitución infantil y adolescente. ¿Que hacen el Estado y los procuradores sobre estas modalidades de violencia infantil que todos conocen y callan en todos los idiomas?
La escuela  es el lugar en donde niños, niñas y adolescentes viven un permanente clima de inseguridad y violencia tanto del sistema educativo como de sus compañeros sin que por ahora existan políticas de protección y seguridad para ellos. La violencia reinante propicia casos de suicidio en muchos niños y niñas que buscan terminan con su suplicio de cualquier forma. También en estos casos la ausencia del Estado causa indignación y repulsa.
Pensemos, entonces, en la importancia de centrarnos en el hogar y la escuela como ejes para una transformación educativa para la seguridad y protección de nuestros hijos.

 
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...continúa leyendo "Éxito o fracaso. Guía informativa para familias y docentes. – García & Magaz"

Publicado en  Psicologia de la Violencia, Marco Eduardo Murueta y Mario Orozco Guzman, Editores, 2 Tomos, Editado por Asociación Mexicana de Alternativas en Psicología, A.C. (2012) Mexico.
 
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...continúa leyendo "¿Es la escuela un lugar seguro? – J. Carozzo, L. Benites, L. Zapata"

El caso que nos han consultado merece ser comentado porque deben existir muchos como el. Veamos: refieren los padres que su menor hija después de 5 años reconoció que fue víctima de violencia escolar por parte de su profesora cuando cursaba primer grado.
Durante ese periodo la niña fue cambiada de colegio, recibió tratamiento psicológico y su comportamiento era muy retraído y con pocas habilidades comunicativas, relacionales y socio emocionales, pero con un buen rendimiento escolar. Cinco años después, como dijimos, la niña revela su drama y señala a la responsable; la madre acude al centro educativo a indagar sobre el hecho y el director rechaza la denuncia de la madre y se resiste a promover siquiera una investigación del caso.
La consulta es: ¿es posible darle crédito a la denuncia de la menor después de cinco años de ocurrido el maltrato? ¿se puede invocar una suerte de prescripción de las acciones de violencia contra la menor? ¿Se pueden formular las denuncias correspondientes ante las autoridades educativas y otras instancias legales? Nuestra opinión es que si. Se debe proceder a defender los derechos de la menor ante la autoridad educativa, en primer lugar, y si ellas no atienden la denuncia se debe acudir al fuero judicial para proteger y reivindicar los derechos de los niños a la seguridad física y psicológica.