La expulsión como sanción

Casi es universal la coincidencia que los autores de las normas legales tienen sobre la imposición de la expulsión de los agresores en el bullying en los casos extremos. Los abogados no tienen más interés que regular las relaciones de los individuos de acuerdo a ciertos cánones impuestos por la cultura y el de determinar sanciones cuando se transgredan tales normas reguladoras, sin que cuente para nada la existencia de factores sociales de riesgo que condicionan respuestas distintas a la uniformidad comportamental exigida frente a una realidad empeñada en discriminarnos por razones económicas, culturales, religiosas, de género, étnicas, intelectuales, educativas y generacionales, por señalar las más relevantes. De hecho, entonces, no hay una consonancia entre lo que se demanda y lo que se ofrece, pero aún así hay que mostrar una conducta social que la cultura de la elite impone.

En principio y por principio, la expulsión no debe existir como figura punitiva porque no reeduca a nadie, antes más bien, lacera la autoestima y la dignidad del individuo que queda estigmatizado y marginado de la oportunidad de ejercer su derecho a la educación. Claro está que existen casos, pocos pero existen, en los que los agresores se muestran reacios a toda acción educativa y correctiva y no dejan de convulsionar el entorno escolar con sus acciones de violencia.  En estos casos ¿que es lo que se aconsejaría hacer? El punto está abierto al debate, pero creemos que debe considerarse la constitución de un centro de atención psicosocial y psicoeducativo, integrado por profesionales de varias especialidades, que asuman un trabajo especializado de resocialización y reinsersión con los estudiantes agresores y su familia y la participación de sus profesores.

Si solo se cumple con la sanción de expulsión de la escuela, se convierte al estudiante (niño, niña y adolescente) en un paria estigmatizado que seguirá agrediendo a otros compañeros hasta que finalmente se le abandone a su suerte. ¿Y por que sigue agrediendo y siendo violento? ¿Porque es tan necio de no corregirse  y aprender del castigo? La respuesta es más sencilla de lo que parece: no se le ha prestado ayuda especializada para superar sus conductas que alguna vez el sistema social le enseñó. Sobre estos aspecto la Ley es también muda e insensible porque no está dentro de los alcances de su disciplina  enterarse el porque de los comportamientos de los individuos.

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Julio César Carozzo Campos

Julio César Carozzo Campos

Fundador y presidente del Observatorio. Past Decano Nacional del Colegio de Psicólogos del Perú. Autor de numerosos libros y artículos sobre la convivencia publicados en Nueva York, México, Costa Rica y el Perú.
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2 thoughts on “La expulsión como sanción

  • 2 julio, 2013 at 4:54 am
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    como quien dice el remedio puede ser peor que la enfermedad, queda claro que las medidas punitivas como la sancion no traen consigo el aprendizaje de la convivencia escolar, el objetivo tendria que quedar claro que es lo que se busca, cual es la meta, y evaluar los resultados.

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